SÁBADO 10
Talleres sobre producciones académicas de los estudiantes
TEMAS:
“Imaginarios sociales, representaciones e identidad”
“Arte, cultura, literatura”
Durante todo el taller se trataron, básicamente, las cuestiones concernientes a la cultura popular, la cultura de masas, la relación entre ambas y la forma de abordarlas, dando cuenta de un modo general, de cómo pensamos que debe ser el rol del estudiante de sociología ante estas cuestiones.
Para comenzar el debate nos fue fundamental poner en juego el concepto de hegemonía y, en este sentido, se planteó relativizar la tesis de la manipulación sobre algo pasivo, para hacer un mayor hincapié en las perspectivas de resistencia que surgen de reconocer la posibilidad de encontrar y propiciar grietas en el proceso de hegemonización. A través de ejemplos concretos de prácticas investigativas de algunos compañeros (Cumbia villera, Espacio de socialización de la cumbia, Resistencia cultural en los orígenes del hip-hop en Brasil, Vanguardias estéticas, entre otras menciones) pudimos rescatar algunas de las diferentes formas que adquiere la capacidad de crítica y que muchas veces escapan a las imágenes tradicionales de resistencia presentes en el imaginario sociológico.
Teniendo en cuenta todo esto, consideramos que es esencial producir conocimiento con nuestro “objeto de estudio” y no sólo a partir de él, rescatando sus prácticas, discursos y significaciones; lo cual permitiría no sólo hacer un análisis y desentrañamiento más radical del avance de la hegemonía y su cristalización en las estructuras, sino que además posibilitaría revalorizar la potencialidad de la acción popular.
Después de haber discutido los ejes principales anteriormente citados, la discusión se centró en la profundización de cómo los estudiantes nos posicionamos frente a este análisis. En lo que respecta a la producción de significado a partir de los medios masivos, hubo propuestas de meterse en los núcleos mismos de la estructura mediática a partir de la crítica; detrás de las bambalinas del teatro, de las cámaras y montajes cinematográficos, de los equipos de producción de radio y televisión, etc, ya que se reconoció que hay sociólogos que participan activamente como asesores en pos de la reproducción de la hegemonía.
Se reconoció que la universidad sigue siendo un terreno legítimo desde donde se debe construir la resistencia a lo instituido, a lo fijado por el poder, oponiendo diversidad creativa a la homogeneización alienante que intenta imponer el mercado.
Se destacó también, cómo en los comienzos del 2000 el cuestionamiento a la representatividad tradicional comenzó a abarcar cada vez más al arte y la creatividad. En este sentido, sostenemos que el sociólogo debe buscar en la creatividad renovados elementos que construyan prácticas culturales activas de resistencia y de lucha.
Para finalizar es preciso destacar que quedan abiertos varios debates y preguntas, más allá de haber llegado a algunas conclusiones, y que este espacio de apertura debe seguir movilizando y motorizando el debate entre las diferentes regionales.
“Trabajo”
Comenzamos a debatir situándonos en nuestra condición de estudiantes considerando que como tales somos trabajadores. No quisimos pensar la cuestión laboral como algo ajeno a nuestra vida, en primer lugar, porque concebimos al trabajo como una actividad transformadora, y, por lo tanto, es nuestro quehacer cotidiano como estudiantes. Al entrar al aula, participar en la clase, debatir, cada uno de nosotros y el docente nos llevamos algo nuevo que ha sido creado allí. Cuando realizamos un parcial, un trabajo práctico, una pequeña investigación, es más claro que ponemos en juego mucho de nosotros y creamos algo nuevo en ese proceso. Aunque en muchos casos sea un ideal de estudiante más comprometido con su estudio, debemos insistir que esta producción de conocimiento es realizada en todo el curso de nuestra carrera.
Pero sucede que esto no es reconocido por la academia. Muchas veces nos dicen que los estudiantes somos una tabula rasa que comienza a acumular información de a poquito, y que no tenemos mucho que aportar a la ciencia. Otros se hacen los sota y por debajo de la mesa se guardan esas ideas más o menos innovadoras y las usan en sus trabajos con referato publicados en revistas de elite. Los más honestos nos avisan “todo lo que ustedes hagan en el taller va a aportar a nuestra investigación”. Con suerte te agradecen en el libro: a mis alumnos.
Todo eso sucede ante nuestros ojos sin que intervengamos en lo más mínimo. No se nos permite controlar nuestra lectura y formación, tampoco lo que producimos y cómo lo producimos; para colmo de males, al final del proceso solo nos queda una fría nota en el analítico. Todo este mecanismo académico al que nos hemos habituado, restringe nuestro margen de acción: nos fuerza el titulo que pretendemos obtener y la naturalidad con que se nos impone esta lógica; si queremos investigar, nos ciñe el sistema de financiamiento monopolizado por el estado; y cuando buscamos trabajo, vemos que la universidad también promueve dispositivos precarios.
¿Y qué es esto último? Son los empleos (en forma de becas, pasantías, etc.) a los que muchos nosotros ingresamos para poder sostener nuestros estudios o para ir acumulando experiencia laboral. Pero la realidad es que esto aporta más a las arcas de la universidad que a nosotros. Ella recibe una contraprestación económica por los servicios brindados convalidando el desfinanciamiento al que viene siendo sometida sistemáticamente por los gobiernos de turno. La supuesta “casa de altos estudios” se convierte así en una contratista de fuerza de trabajo barata y calificada: los estudiantes. La universidad nos vende por migajas y se convierte en una pata más del estado negrero.
No es casual que esto se repita en todas las carreras que tienen varios años de existencia: esto se liga al fuerte contenido en administración pública que tiene nuestra formación, puesto que la mayoría de los empleos se relacionan con los estados de la ciudad, de la provincia o de la nación. Pero también es cierto que en muchos casos la formación pasa a segundo plano, convirtiéndose en un criterio prescindible para el establecimiento de convenios con sectores externos a la universidad. Así sucede en los casos donde somos simples encuestadores u otro más de los engranajes de la burocracia en las oficinas del estado. No nos consideran como trabajadores y creen hacer un favor a los estudiantes, por eso deberíamos quejarnos por las condiciones laborales, que en muchos casos no contemplan derechos mínimos como la cobertura de salud, el pago a término (cuando existe una retribución monetaria), la sindicalización, la estabilidad, horarios fijos, etc.
Sólo está en nosotros la capacidad para cambiar estas cosas y es por eso que apostamos a nuestra organización y revalorización de todo nuestro trabajo (desde el aula a la oficina). Esta es la base para ir construyendo día a día otra sociología que se comprometa con nuestro pueblo: una sociología crítica y práctica. Este cambio sólo será posible si, con las herramientas que nos brindan, somos capaces de construir espacios de aprendizaje y organización alternativos a la vez que transformamos los existentes. Estos nuevos horizontes harán realmente social a esta ciencia.
Para lograr esto, deberemos sortear una serie de dificultades que son algunas veces particulares de cada facultad y otras comunes en todos los casos (la interiorización del rol pasivo y el desinterés de muchos de nosotros, los sistemas de estudio e investigación que promueven la competitividad y el individualismo, centros de estudiantes que reproducen las estructuras universitarias en vez de ser un espacio innovador y constructor de todos los estudiantes, etc.). Vemos entonces que debemos comenzar por nosotros y confiar en nuestro potencial generador, que descansa en el aprendizaje como adquisición y producción colectiva de conocimiento. Debemos ser concientes de que no podremos conseguir los cambios necesarios si no promovemos trabajos con intereses y lógicas que rechacen de plano los valores fríos y anti-solidarios que se nos presentan como única alternativa de desarrollo como estudiantes y profesionales.
En este camino, venimos realizando distintas experiencias que escapan a esta lógica academicista, conservadora y oscurantista, buscando modificar los planes de estudio, el gobierno universitario, la articulación de nuestra carrera con el resto de la sociedad, etc. Éstas son fruto de nuestro trabajo real y concreto que da muestra que no hemos naturalizado la ciencia y sus métodos reconocidos institucionalmente, que esto no es estanco e inerte; que el estudiante no es un mero receptor y el saber, algo que podemos adquirir solo de nuestros profesores. Esta construcción colectiva de saber, que derriba las falsas barreras entre docentes y estudiantes, entre la universidad y la sociedad, realiza en su forma y contenido el compromiso transformador de las ciencias del hombre. Se convierte en actividad crítico-práctica en la interacción conjunta de todos quienes luchamos y creamos.
Intentando generar ideas nuevas, compartimos estas experiencias que venimos realizando esperando que quizás puedan ser repetidas y mejoradas en otros lugares. Este es el caso de la Encuesta Obrera, llevada a cabo en La Plata, que busca recolectar experiencias y pensamientos de los trabajadores, como manera de aportar a su reconocimiento y debate conjunto a través de la devolución y el intercambio de los datos. En esta misma ciudad se vienen realizando talleres de investigación sobre sociología del trabajo que, a pesar de ser promovidos institucionalmente, se ha podido establecer una dinámica de construcción colectiva guiada por el docente, que representa un gran aporte a la transformación en el plano académico. Por otro lado, en Mar del Plata se han solidificado mucho los vínculos de los estudiantes de sociología con los trabajadores del puerto que mantienen un conflicto muy duro y prolongado con los empresarios: la solidaridad ante problemáticas distintas unidas por la transformación de la realidad que nos toca, viene potenciando las luchas particulares en cada sector. En la Universidad de Buenos Aires, a partir de encuentros de reflexión sobre la problemática laboral, se nuclearon muchos estudiantes que tienen un trabajo precario y constituyeron una Coordinadora de Trabajadores Precarizados que trasciende el marco universitario, pero incluyéndolo junto a toda la potencialidad de sus aportes.
Pero todo lo que hemos debatido estos días nos deja más preguntas que respuestas que creemos importantes para continuar estas reflexiones en un marco de acción a futuro. Queremos compartirlas esperando que puedan ser multiplicadoras de todo esto.
¿Qué producimos en el aula?
¿Cómo producimos en el aula?
¿Quiénes producimos en el aula?
¿Para qué y para quién producimos en el aula?
¿Qué producimos en el trabajo?
¿Cómo producimos en el trabajo?
¿Quiénes producimos en el trabajo?
¿Para qué y para quién producimos en el trabajo?
¿Qué producimos en la academia?
¿Cómo producimos en la academia?
¿Quiénes producimos en la academia?
¿Para qué y para quién producimos en la academia?
¿Qué producimos en la calle?
¿Cómo producimos en la calle?
¿Quiénes producimos en la calle?
¿Para qué y para quién producimos en la calle?
“Educación”
- Pensar la democratización en forma integral desde cada uno de los espacios de participación, valorizando el rol del estudiante (en el aula, facultad, C.E., etc.), para abrir la discusión acerca del proyecto de universidad que queremos.
- Avanzar en la confluencia de nuevos espacios de discusión, teniendo en cuenta la existencia de participación fragmentada que es resultado del proceso histórico de la sociedad argentina (Dictadura, Neoliberalismo, posmodernidad). Integrar estos espacios a un proyecto común, en donde la democratización se entiende, no sólo desde lo cuantitativo (respecto al número de representantes), sino cualitativamente (en cuanto a las formas de acceso y en qué situaciones se accede).
- La educación como herramienta para trascender lo institucional y configurar nuevos espacios de construcción del conocimiento, por ejemplo: talleres, cátedras libres, etc.
- Avance de la LES, que genera una tecnificación de la carrera de grado y amplía el abanico de los postgrados.
“Poder, Estado e instituciones”
En este taller abordamos seis ejes de trabajo:
- Instituciones de control
- Instituciones de autogestión
- El diseño institucional
- Las políticas universitarias
- Sistema político
- Género
En el desarrollo de las discusiones sobre estos ejes nos encontramos con la carencia de espacios y herramientas metodológicas para poder llevar la teoría a la práctica.
En referencia a esto encontramos diferencias en los planes de estudio de las diferentes carreras, e inclusive la falta de una perspectiva de género como una problemática que atraviesa nuestra realidad.
La educación formal tiende a establecer una separación sujeto-objeto de conocimiento, poniendo al sociólogo por fuera de la realidad en la que está inserto. Se investiga y se estudia poniendo el conocimiento como un valor en sí mismo.
Planteamos que esto no es una postura ingenua, y que es necesario plantear interrogantes en referencia a para qué, para quién y desde qué lugar investigamos. En este sentido, intentamos problematizar nuestra relación con los actores sociales, para que nuestras prácticas no queden en el aire.
Por esto, planteamos indagar en prácticas de investigación alternativas y cambiar el modo en que transitamos la educación, viéndola como una herramienta transformadora, que puede ponerse en acción desde el comienzo de nuestras carreras.
Debemos tomar conciencia de que el estudiante también genera conocimiento dentro del ámbito universitario y que es necesario socializarlo.
Al reconocer a la universidad como institución del Estado surgen como problema las relaciones de poder: cómo es el vínculo con la universidad y cómo posicionarse desde el lugar de estudiantes frente a ella.
Es un debate abierto cómo plantear las demandas hacia adentro de la institución para dar esta lucha, y cómo se reconoce y legitima el poder del Estado, que tiende a dejarnos instalados en un rol pasivo.
Así, llegamos a plantear la tensión entre la construcción de prácticas alternativas por fuera de la universidad y una acción transformadora hacia adentro de la institución.
“Acción colectiva, conflicto social, movimientos sociales”
A partir de los debates entre los estudiantes de todas las facultades del país, vimos que compartimos las mismas inquietudes y preocupaciones en torno al rol del sociólogo a través de la investigación. Por un lado discutimos las nociones de neutralidad y objetividad en la producción de conocimientos, llegando a la conclusión de que estas categorías se utilizan para ocultar los posicionamientos políticos del investigador, cosificando al sujeto.
Consideramos que la mejor manera de ser “objetivos” en nuestros estudios es siendo rigurosos con el trabajo de investigación.
La objetividad es la condición que para ser un interlocutor válido en el mundo académico, el cual es reducido y elitista, y propicia la separación entre ciencia y transformación social, haciendo que los sociólogos no se involucren con los sujetos de estudio.
Consideramos que para llegar a desarrollar toda la potencialidad de la ciencia es necesario saber desde dónde se parte, porque las premisas son siempre axiológicas y políticas.
En última instancia la manera en que producimos conocimiento va de la mano del para quién y para qué lo hacemos.
Cuestionamos la función que cumple el sociólogo en su tarea de investigación en las relaciones que establece con los sujetos de estudio. Si al acercarse reproduce relaciones de dominación extirpándole información a éstos, ó si se para en una relación de igualdad aportando sus herramientas específicas para producir conocimiento crítico y potenciar la transformación social.
Creemos que es necesario transformar nuestra sociedad porque la consideramos injusta, ya que se basa en la explotación y opresión de las mayorías. Creemos que el sociólogo debe participar de la transformación y que no es necesario recibirse para empezar a hacerlo. Los estudiantes tenemos mucho que aportar.
El actual sistema educativo no incentiva esta práctica, sino que impulsa la investigación como un fin en sí mismo.
Además solamente aquellos que están muy avanzados en la carrera (o ya recibidos) pueden encarar una investigación. Creemos que es necesario democratizar la producción de conocimiento. Para ello proponemos crear nuevos espacios y nuevas formas. Consideramos incluso que al participar de este encuentro, realizamos una acción colectiva y que somos capaces de modificarnos para transformar.
Para esto, debemos empezar haciendo que nuestras búsquedas no sean sólo individuales, sino colectivas. Necesitamos socializar nuestras producciones, compartir estrategias metodológicas, para que nuestros trabajos aporten a la reflexión y práctica de todos los estudiantes de sociología.
Queremos construir un espacio que nos trascienda, que agrupe a los sociólogos con y sin título, para que estas experiencias no sean únicamente de enriquecimiento personal, sino de construcción y acción colectiva.
Estos dos talleres se fusionaron en uno.
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