Regional Cuyo
Sobre el Plan de Estudios de la Carrera de Sociología

Coordinación de Sociología

Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (UNCuyo)

 Introducción

 La UNCuyo actualmente, dirigida por Arturo Somoza, está discutiendo cómo avanzar o perfeccionar su funcionalidad dentro de la sociedad.

Esta relación está planteada en el marco de la “reforma” de la LES, ley impuesta por el Banco Mundial en la época menemista y profundizaba por el gobierno de Kirchner, que estipula mayor relación entre la universidad y las grandes empresas a través de venta de servicios, convenios, etc.Ya que El Gobierno de K, a pesar de haber realizado algunos “gestos” con las universidades nacionales con un pequeño aumento de las partidas presupuestarias, estos no logran paliar ni por lejos la degradación que implicó la devaluación del peso y solamente se destinan al pago de los magros salarios docentes (aunque hay más 20.000 docentes que no perciben renta alguna) y no docentes, eliminando virtualmente gastos en todo lo que signifique investigación, etc.

El Estado no sólo invierte cifras escandalosas en la educación, sino que también la universidad se ha planteado (en conjunto con el gobierno) por un lado, que menos cantidad de gente pueda acceder a la instrucción universitaria como es por ejemplo endureciendo los exámenes de ingreso. Por ejemplo, Este año vimos que en la UNCuyo más del 90% se quedó afuera en Medicina, 80% en Ingeniería, 40% en Artes y 20% en Filosofía y Ciencias Políticas y Sociales. Por otro lado, buscan a través de distintos medios, como lo son las correlativas duras, etc. que menos estudiantes egresen (hoy menos del 10% de la población egresa de la “casa de altos estudios”). Lo que lleva a un acelerado proceso de elitización de la universidad.

En el ámbito de las investigaciones, a diferencia de universidades nacionales o estatales como la Universidad de Sao Paulo, no existe en Argentina una política de incentivo a la investigación, lo que se expresa en el abandono de instituciones como el CONICET. Al no existir una política de incentivo de investigaciones, son los propios “interesados” capitalistas privados los que financian y condicionan la orientación de las investigaciones. Nosotros queremos que las investigaciones científicas que se desarrollen estén en relación y en conexión con las organizaciones sociales de trabajadores ocupados y desocupados, de derechos humanos, etc.

 

Queremos introducir con una pequeña reseña del origen de la Sociología argentina como disciplina, sobre todo como disciplina acorde a las necesidades del capitalismo previo a la 2º Guerra Mundial. En la Argentina, desde los años ’50, a través de Gino Germani, se introduce la Sociología como materia, dando lugar posteriormente a la creación de la carrera. Sus intelectuales de los ’60 fueron pilares de la fundamentación ideológica de lo que conocimos como “desarrollismo”, y su sesgo estructural funcionalista. Durante los años ’70 muchos de los militantes de izquierda provenían de las aulas de la facultad de Sociología, su relación con el Movimiento Obrero planteó una discusión que aún hoy mantienen los intelectuales de la academia, que es la del “intelectual orgánico”.

Aplacados los aires revolucionarios de los ’70, un gran sector de intelectuales de “izquierda” en la Argentina, como fueron los gramscianos argentinos del grupo “Pasado y presente”, en su mayoría fueron cooptados por la transición democrática y el alfonsinismo, como lo fue Portantiero. Abandonando todo análisis político estructural, y por supuesto dejando en el sótano al marxismo, por estar “ya caduco” como planteaban algunos (Argumedo, Gónzalez)

Los ’90, en medio del eclecticismo posmodernista de esta década, y del auge del neoliberalismo, los intelectuales dejaron de lado la crítica práctica del orden existente. Se convirtieron en los sociólogos del marketing y las encuestas. Y otros que decían ser “autónomos” del mercado, y se quedaron en las aulas “analizando” lo que pasaba afuera, separando al científico del político al mejor estilo weberiano.

Otros más “progres” planteaban una sociología crítica, con su exponente Bourdieu, que planteaba una solidaridad concreta con las luchas de los trabajadores, como las Huelgas francesas del ’95 pero… nada más allá de la solidaridad, sin tener un rol político activo como parte de las luchas que se daban.

 

La Sociología

 

En primer lugar,  vemos cómo la Sociología, desde el positivismo, se ha orientado fuertemente  hacia las estadísticas, desarrollando “técnicas de medición” de los hechos sociales para formarnos como “encuestadores eficientes”, administradores de recursos humanos y tecnócratas que manipulan meros “datos”.

También vemos cómo desde el subjetivismo weberiano con su visión particularista niega la totalidad y por lo tanto, la posibilidad de transformación de un todo demasiado complejo. A su vez plantea la separación entre trabajo científico y práctica política (¡como si esto fuese posible!).

Pero la Sociología también proclama una versión “descafeinada” o academicista del marxismo, que es teóricamente estéril y conservadora y justifica la “coexistencia pacífica” con el orden capitalista. Por un lado, tenemos un marxismo mecanicista, como el althusseriano, que borra el factor de la lucha de clases y la dialéctica de sus análisis, anulando cualquier perspectiva de intervención política. Y por otro lado, algunos teóricos que toman elementos del marxismo, pero para engrandecer sus postulados de “democracia pluralista y radical” dentro de los estrechos marcos del decadente sistema capitalista, negando rotundamente el horizonte de la lucha y ni que hablar de la posibilidad de una revolución social.

 

Ahora bien, nos preguntamos cuál ha sido la respuesta de la Sociología frente a las problemáticas sociales actuales y observamos que se encuentra encerrada en sí misma. El quietismo de nuestra carrera se expresa en la nula relación con la sociedad o escisión, bajo pretexto de la neutralidad valorativa, entre sujeto y objeto de conocimiento, consagrando una formación incapaz de hacer repercutir dentro de las aulas las grandes problemáticas sociales y políticas contemporáneas (desocupación, crisis del capitalismo y sus regímenes políticos, levantamientos obreros y populares, las guerras imperialistas, etc.). Pero actualmente la misma realidad nos está interpelando. Es la misma realidad la que ha desbordado a nuestra disciplina con los acontecimientos mundiales de los últimos años…y nuestros “libros de textos sociológicos” no pueden dar respuestas a una realidad compleja.

 

Nuestra carrera tiene que empezar a aportar al desarrollo de una nueva práctica sociológica que cuestione el orden social existente y de las teorías y producciones científicas que lo justifican y mistifican. Consideramos que tiene que tomar como ejemplo al marxismo, entendido como teoría y práctica transformadora; ya que este habla de lo que no hablan los intelectuales y académicos, de la lucha de clases y principalmente de la historia de la clase obrera.

 

Actualmente vemos que los que fueron expulsados de la historia en los ´80 y ´90 retoman protagonismo, y la lucha de clases se hace patente frente a intelectuales que decretaron tercamente su muerte, adhiriendo a teorías del fin del trabajo, el fin de la clase obrera y el fin de la Historia. Hubo otros que adhirieron a las teorías en boga, como los autonomistas y su concepto de “multitud”, dentro del cual la clase obrera es un sujeto más dentro de una multiplicidad de movimientos (campesinos, juveniles, etc.), negando la centralidad que aún hoy tiene la clase en el proceso productivo y por lo tanto en el conflicto entre capital y trabajo. Los adherentes a esta teoría en nuestro país terminaron apoyando gobiernos y regímenes reformistas burgueses. También hubo quienes buscaron desesperadamente otros sujetos, presionados por tendencias reales del momento, haciendo de un sector de la clase obrera, los desocupados, el “sujeto piquetero”  que vendría a encabezar la lucha por la liberación de la clase obrera y el pueblo pobre.

                                                                                                                                

En nuestro país la clase obrera comienza a ser protagonista. Asistimos a heroicas luchas por salario y mejores condiciones de trabajo, principalmente de los trabajadores de la industria como Pgoda, Mafissa, el Neumático, luchando contra el techo salarial y mejores condiciones laborales que fueron recientemente reprimidos por el gobierno de Kirchner, los docentes, los servicios realizando un paro en la provincia, los trabajadores de la salud a nivel nacional y sobre todo en Mendoza luchando contra la judicialización de la protesta. Elemento que habla de una lenta pero profunda recomposición de la clase tanto política como subjetivamente.

Así como los trabajadores de la industria, los servicios, etc han demostrado cuánto perjudican a los capitalistas ya que son ellos los que controlan los medios de producción, el transporte, el cuidado de la salud del pueblo trabajador, etc.

Sin embargo, desde la Conducción de la Coordinación de Sociología, Espartaco-COR, consideramos que el desafío por liberar al marxismo de sus ataduras academicistas pasa por poner proa en la construcción de un partido revolucionario de la clase obrera. De esta manera estaremos retomando al marxismo verdaderamente como guía para la acción transformadora, como el álgebra de la revolución.

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